miércoles, 13 de abril de 2011

TAMBIÉN HE ROBADO UN LAPICERO




imágen obtenida de google.
Sobre la mesa había un estuche y dentro de él una pluma. El Presidente de la República Checa, Vaclav Klaus, la sacó de su estuche y de manera sigilosa, por debajo de la mesa la pasa de un bolsillo a otro, cierra su chaqueta y vuelve a poner las manos sobre la mesa, sin el bolígrafo. Esto acaeció el pasado 12 de abril de 2011 frente a un grupo de periodistas, cuando el mandatario ofrecía una rueda de prensa junto a su homólogo chileno, Sebastián Piñera, en la ciudad de Santiago de Chile. Los noticieros de televisión nacionales e internacionales, presentaron la noticia y el video ha circulado a través de la plataforma de Youtube y otros portales de internet, donde miles de personas en todo el mundo la han visto y opinado al respecto.

Cuando presentaron la noticia, yo estaba en una cafetería del centro de Montería, a mi derecha en otra mesa estaba sentada una señora de una edad aproximada a los sesenta años. Al ver la noticia la señora cuyo nombre desconozco, pero que en adelante llamaré Brígida, para efectos de evitar la repetición de la palabra “señora”, empezó a monologar indignada, “Qué descaro robarse un lapicero… Deberían meterlo preso, todo un Presidente y ve el ejemplo… sinvergüenza, alimaña…” y bla bla bla. Yo me limitaba a escuchar, pues en ese momento mi interés se centraba en el noticiero y la ensalada de frutas con helado y mucho queso que degustaba, pero al percibir que alguien me miraba, volteé, Brigida tenía los ojos clavados en mí, ni siquiera pestañaba y su boca escupía palabras y frases insultantes. Quizá adivinó en mis ojos el fastidio que me causaba su absurda verborrea, y mis exiguas ganas de convertirme en su interlocutora, tenía cosas realmente importantes en qué pensar, como para ocuparme intercambiando apreciaciones personales sobre la conducta del Presidente Checo con una extraña; justo cuando la miré soltó las palabras “sinvergüenza” y “alimaña”. La situación me pareció graciosa y estuve a punto de soltar una carcajada, que seguramente habría roto la quietud reinante en aquella cafetería, pese a estar atestada de clientes, porque mi risa no conoce de modales, como dice un amigo. Me contuve por respeto a sus años y además por prudencia, Brigida se veía bastante molesta, no sé si era por la noticia, por no haberla interpelado al inicio de su discurso o por las dos cosas, sinceramente temí ser agredida. No obstante, estuve correspondiendo a su mirada por dos o tres minutos, lapso en el cual tuve un pensamiento “yo también alguna vez he robado un lapicero”, tal vez me acusó la conciencia.

Siendo ya una confesa ladrona de lapiceros, no pretendo justificarme, pero quién en esta vida no se ha tumbado un lapicero, muchas veces a mí o cualquiera persona le han prestado un bolígrafo para firmar un documento, llenar un formulario o para tomar apuntes en una clase y se olvida devolverlos. A veces simplemente uno los encuentra en una mesa o en un escritorio, como la pluma del Presidente, en la absoluta orfandad y ganosos de conquistar la virginidad de una hoja en blanco. Me ha pasado que al hacer el cambio de bolso, me encuentro varios lapiceros que obviamente no he comprado, y cuyos dueños no recuerdo, seguramente a muchas mujeres les ha pasado algo así, sin embargo, como lo que por agua viene por agua se va, el lapso de mi posesión sobre ellos es limitado y dura lo que demoro sacándolos para usarlos frente a otras personas. Lo que demuestra que el robo de lapiceros es un hecho cíclico, unas veces somos victimas y otras victimarios, si así se les puede llamar. Es un asunto trivial, cuya ocurrencia es en la mayoría de los casos inconsciente.

En la misma emisión de noticias, presentaron una, sobre un accidente de tránsito que acaeció en Bogotá, durante el fin de semana, donde un muchacho conduciendo su vehículo a alta velocidad y, en estado de embriaguez, arrolló un grupo de personas. El agresor como si hubiese atropellado pollos se fue del lugar. Entre los peatones que fueron embestidos por el vehículo del borrachito, se encontraba una joven universitaria de 22 años, quien fue recluida en la unidad de cuidados intensivos de un hospital de la capital a causa de los traumas físicos recibidos en el accidente. Esta noticia y otras de política nacional y del escándalo Nule, dignas del repudio de cualquier persona de bien, no inmutaron a Brigida, como sí lo logró hacer la noticia sobre el hurto del bolígrafo.

Lejos de cualquier consideración de si la actitud de Brigida es propia de una persona cuerda, yo, respecto a su salud mental, prefiero concederle el beneficio de la duda en resácate del trasfondo de su conducta, donde hay un asunto que nos toca a todos, me refiero a esa facilidad de ser indiferentes frente a realidades que destrozan la condición humana, la imperfecta restructuración de la escala de valores, que se ha venido dando en nuestra sociedad, donde lo malo muta en bueno y viceversa, donde lo baladí se alza sobre aquellas cosas, hechos y circunstancias que son verdaderamente valiosos y que ameritan toda la atención. Ah, pero seguramente un abogado o un estudiante de derecho (y con esto me adelanto, por si acaso) me diría sobre el hurto del lapicero de que acusan al Presidente Checo y el reproche social que amerita tal comportamiento: “Depende del bien jurídico tutelado, del valor económico del bolígrafo”, a lo cual, yo respondería: lapicero, es lapicero. Frente a acontecimientos que afectan la vida humana y el orden social en lo más recóndito de su estructura, un bolígrafo es un bien sin valor absoluto.

4 comentarios:

  1. Si, lo baladí pasa a ser lo mas importante... siempre perdemos el enfoque.

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  2. Yo que soy Chilena y vi el espectáculo del lapicero en vivo, debo confesar que lo encontre chistoso...pero poco decoroso.
    A todo esto el lapicero era muy bello, hecho de lapízlazuli :)
    Hay anécdotas y anécdotas a cada cosa hay que darle su lugar, es verdad.
    Mi abrazo para ti con cariño.
    mar

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  3. El incidente del lapicero del Presidente, es sólo una adecdota y como tal debio tratarse.

    Ardius, agradezco tu visita

    Mar, mi cariño te saluda, mi amistad te abraza. Disculpa mis prolongada ausencias. Amiga

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  4. Anónimo5:31 p. m.

    Considero que lo se esta tomando en cuenta es la alevosia con la que el mandatario realiza el robo del lapicero "observen su cara"

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