miércoles, 2 de abril de 2014

EL ABOGADO Y SU ÈTICA




El litigio es la actividad donde verdaderamente se expresa la esencia del derecho y el ser Abogado, ya sea que se ejerza como Juez, Magistrado, empleado de un Despacho judicial o como Asesor jurídico particular e independiente. Sea cuál sea el lado donde se ejerza la profesión, los Abogados estamos sujetos a un código de ética estricto. En algunas circunstancias las reglas de la ética propenden por mutilar la capacidad sensitiva del Abogado.

Los Abogados no somos máquinas de hacer cuyo instrumento es la ley, somos seres humanos, personas de carne y hueso. Desde mis tiempos de estuante en la Escuela de Derecho de la UPB (Universidada Pontificia Bolivariana), me cuestione sobre una norma de esa ética, relativa a no involucrarse sentimental o emocionalmente con el cliente, con la situación que está viviendo y que es la razón por la cual ha requerido el servicio profesional del abogado.  Sí, la bendita ética, nos pone a caminar sobre un hilo demasiado delgado debajo del cual hay un cruel precipicio, pero esa adrenalina es un impulso para  no desfallecer.

Hace unos meses llegó a mi oficina un anciano, dejó su juventud en los sitios donde trabajó, con la esperanza que algún día se retiraría para en el descanso de la jubilación y, gozar de la tranquilidad del deber cumplido y de su pensión de vejez, la cual debía asumir en su favor una entidad adscrita al sistema de seguridad social en pensiones de  Colombia. Hoy Gregorio[1], tiene cumplidos ochenta años de edad y desde hace quince está luchando por el reconocimiento de su derecho a una pensión. Los tropiezos que él encontró durante estos años son innumerables y sobre ellos no puedo hacer referencia en este texto por dos razones, la primera son demasiados y una sola entrega sería insuficiente para contarlo, segundo, esos detalles son confidenciales.

Después, Gregorio trajo a mi oficina a otros amigos suyos que también tienen problemas con el reclamo de su pensión de vejez, en total son 10 personas,  ancianos que hoy están cansados de los años de trabajo y del tiempo que han tenido que perder tras un derecho que ha sido erigido como un derecho fundamental, inalienable, irrenunciable, insustituible, y que está vinculado a otros derechos fundamentales como el derecho a la vida y a la dignidad, etc. Los amigos de Gregorio llevan menos tiempo que él en la lucha, pero igual en todos los casos uno, dos, tres años es demasiado tiempo para estas personas que lo quizá tienen ya, es poco tiempo...

A veces llegan a mi oficina a preguntar por su caso, cada encuentro con ellos me llena de sentimientos, en su quedo andar, sus voces apagadas, sus manos arrugadas y llenas de cachos que dejaron esos años de trabajo, veo a mi abuelo,  quien es también un anciano. Esas miradas, su modo de hablarme y el conocer la situación difícil por la cual están pasando me comprometen cada vez más con la causa de ellos. En estos días me enteré que uno de ellos está enfermo, le han descubierto un tumor en el abdomen, algo que realmente me preocupa. Ahora me pregunto si ese dolorcito que me produce ver a estos señores sometidos a una espera tan larga, es una falta a mi ética como Abogada. No creo, pero a veces quisiera ser más de hierro, menos vulnerable a las emociones y necesidades ajenas, aunque quizá dejar de ser como soy signifique divorciarme de mi vocación de servicio y mi vocación de Abogada.

Conozco los procedimientos, invoco en nombre de mis Clientes la ley que reconoce su derecho, pero en mi país, una cosa es lo que está escrito en la ley procedimental y otra la que se va dando en la práctica, el Abogado es un barquero remando en el inmenso mar de la legislación, expuesto a la vicisitudes del tiempo y los vientos de la negligencia humana. Es más fácil que la entidad reconozca el derecho a Gregorio y sus amigos, pero en mi país hay más leguleyos que personas consientes dirigiendo las entidades obligadas a reconocer este tipo de derechos y los juzgados están atiborrados de expedientes de casos sin resolver. Mientras llega el final del proceso y el juez dicta sentencia, yo seguirè haciendo lo que sè hacer Abogar por ellos, vigilar con celo sus intereses, lucha y esperar una resolución justa.




[1] Nombre ficticio

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