lunes, 27 de febrero de 2017

VIDA, CAMINO LARGO



Vivir es un hacer y hacerse todos los días. Ni siquiera en el estado de flojera más grande uno puede desprenderse de esa constante. Si no te haces, la misma vida te hace, del mismo modo si no haces, el destino lo hace por ti. Por ello no es válido quejarse cuando hemos sido pasivos con nuestro hacer y si el resultado final no te gusta, de malas, fue tú opción dejar todo en manos del destino. El avanzar es una constante intrínseca al ser humano, inevitablemente vamos hacia el éxito o el fracaso, lo cierto es que en este ahora no nos hallaremos mañana.

A veces, miro hacia atrás y me parece que tal vez el ayer fue mejor que hoy. Me pasa sobre todo con las fotografías, mi imagen en una foto de hace seis años se ve mejor que mi imagen en una foto de hoy. Quizá sea así, porque en ese entonces era más joven, era más delgada, mis facciones se veían más finas que hoy. La mujer de entonces, vivía más a prisa que la de hoy, iba atesorando sueños, manoseando un proyecto de vida y comiendo impulsos a cada paso, la mujer de hoy, sin haber suavizado el paso, es meditabunda, calcula los silencios como los vocablos. Antes, seis años atrás, cargaba al hombro una valija muy ligera, en cambio, la que hoy llevo a cuestas es un tanto más pesada, pues no sólo lleva mis sueños, sino también los de mi hija.

El camino es difícil en algunos tramos, en otros no tanto. De vez en cuando me arden los pies, me sudan las manos, mi cabeza se embota o se agobia, no sé, sin embargo, avanzo, por mí y por ella, porque finalmente para ella deseo lo mejor. Cuando digo lo mejor, no hablo sólo de cosas materiales, sino también de intangibles como el ejemplo. El ejemplo que yo quiero darle es el de una mujer valiente que caminó y luchó por forjar un futuro para ella.

Un día la miraré a los ojos y ella me tomará las manos, como yo lo hago a veces y tal vez me diga las mismas palabras que yo le digo a ella ahora, cuando tiene miedo por algo “tranquila, mientras estés conmigo nada te hará daño”



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